¿Qué harías si toda tu carrera profesional se volviera obsoleta?

En los últimos dos años, la IA ha dado pasos de gigante. Lo que comenzó como una prueba de concepto que nos dejó asombrados ha evolucionado hasta un punto en el que resulta casi imposible distinguir entre lo humano y lo artificial.

Imagina el escenario dentro de unos pocos años, pongamos a comienzos de 2030. ¿Qué crees que una máquina seguirá siendo incapaz de hacer?

Siento cierta inquietud por quienes creen que la mayoría de nosotros tendrá un lugar en ese nuevo paradigma. Se repite con frecuencia la idea de que la IA nos dará superpoderes, que amplificará nuestras capacidades y actuará como un complemento natural a nuestro trabajo. Pero ese argumento parte de una premisa discutible: que el ser humano seguirá siendo necesario en la ecuación. Si una máquina puede ejecutar una tarea con mayor velocidad, menor coste y sin fricción, la lógica económica tiende a desplazar, no a complementar.

Algo similar ocurre con la afirmación de que la verdadera brecha estará entre quienes sepan usar la IA y quienes no. Puede ser cierto en una fase inicial, pero presupone que el dominio de la herramienta seguirá siendo un factor diferencial a largo plazo. ¿Qué ocurre cuando la propia herramienta elimina la necesidad de ser dominada? ¿Cuando su uso se vuelve trivial, automático o incluso invisible?

Ese razonamiento puede sostenerse hoy, pero difícilmente mañana.

¿Por qué crees que empieza a aparecer con más frecuencia el concepto de renta básica universal en el debate público? No como una idea marginal, sino como una posibilidad cada vez más presente en gobiernos, instituciones y grandes actores económicos. Resulta difícil ignorar la tensión: productividad creciente impulsada por la automatización, frente a una capacidad decreciente de absorber empleo de calidad. Si el trabajo deja de ser el principal mecanismo de distribución de renta, el sistema necesita explorar alternativas, aunque estas choquen con un contexto de deuda elevada, presión fiscal creciente y salarios estancados.

Tal vez no haya una batalla que librar en los términos en los que solemos plantearla. Quizá la cuestión sea otra. Buscar hoy un propósito que no dependa de las estructuras que damos por sentadas. Un propósito que resista el paso del tiempo.

La mayor parte de la sociedad occidental ha encontrado históricamente ese propósito en el trabajo. Y todo apunta a que ese eje, tal y como lo conocemos, está destinado a transformarse profundamente, si no a desaparecer por completo.