Hoy he querido dejar testimonio de algo que, estoy convencido, sentará las bases de un nuevo paradigma: la IA está pasando de ser el timonel, quien ejecuta órdenes de rumbo, a ocupar el camarote del capitán.

Hace unos días tuve una reunión de seguimiento para un proyecto con mi equipo. La persona al cargo hizo una presentación impecable: requisitos, planificación, métricas. Todo estaba en su sitio. Todo encajaba. No era brillante, pero sí peligrosamente correcto. Y fue precisamente esa perfección lo que me hizo ruido.

Caí en la cuenta de que todo estaba generado por IA. Todo. Desde la estrategia y los detalles técnicos hasta la propia presentación que leía con esa naturalidad robótica.

De repente, dejó de ser una reunión. Era otra cosa. No era ella quien pensaba. Puede que, en realidad, no hubiera nada pensante ahí.

1Al darme cuenta, no pude evitar verla como un simple avatar. Un medio. A modo fantasioso, parecía como si la IA se hubiera apoderado de su cuerpo y este se limitara a reproducir, a pies juntillas, lo que ella quería. Casi como una posesión.

Y aquí es donde todo se rompe.

El propósito de la máquina siempre fue otro: amplificar y facilitar la voluntad humana. Siempre fue un martillo, más o menos sofisticado, desde una palanca a un ordenador e incluso los inicios de la IA generativa. La dirección siempre era nuestra.

Pero hoy empezamos a dejar que la máquina defina la dirección. Dejamos de amplificar voluntad y empezamos a delegarla.

Y lo preocupante no es delegar, sino que empiece a resultarnos cómodo. Dejamos de cuestionar. Dejamos de friccionar. Aceptamos.

Y cuando dejas de decidir, ya has decidido.


  1. Nota de mi amigo Dani Robledo : “Antes de la IA las empresas se han afanado por estandarizar procedimientos. Por ser robots de carne y hueso. Como si cumpliésemos una misión divina: estar preparados para ser reemplazados por máquinas. Y la burocracia es también eso en gran medida, procedimientos mecánicos y perfectamente automatizables.” ↩︎